En un siglo pasó a ser de cuna de la alta alcurnia a sede del carrete desenfrenado
Brasil: de barrio rico a barrio carretero
Frondosos árboles y altas palmeras adornan la Plaza Brasil. Está soleado y los transeúntes caminan por la avenida del mismo nombre a sus respectivos oficios: unos, enajenados a trabajar, otros, tranquilos a compartir una copucha del barrio. Ninguno parece sorprenderse por cómo está el barrio hoy, en comparación a cómo fue en antaño.
Por María Ignacia Sáiz
La luz del día ilumina el barrio y se observa gran movimiento: autos que van y vienen por la Avenida Brasil, gente caminando, comerciando, trabajando. Un retén móvil de carabineros está ubicado a un lado de la plaza, por lo que la tranquilidad pareciera abundar.
Sin embargo, el panorama de las noches de fin de semana es distinto. Si uno se levanta temprano un domingo, y ve la plaza y los alrededores, podrá contar cientos de botellas, papeles, cajetillas de cigarro, colillas de pitos de marihuana e, incluso, condones usados. Y es que el barrio brasil ha pasado, durante los últimos 15 o 10 años, a ser una atracción nocturna para los jóvenes carreteros.
A principios de 1900 el Barrio Brasil se renovaba, se construía la plaza –cuyo nombre lo obtuvo debido a la excelente relación diplomática que nuestro país mantenía con Brasil en ese entonces-, se transformaba un caudal de acequias del centro de Santiago en la que ahora es la avenida principal. Un grupo de chacras fueron convertidas en un lujoso y armonioso barrio, donde se ubicaron importantes familias de clase alta. Con el correr de los años, Santiago se expandió hacia el oriente y estas adineradas familias se fueron trasladando a otros sectores, como Providencia y Ñuñoa, con lo que Brasil fue quedando abandonado y viejo, pasando a la historia.
A principios de 1900 el Barrio Brasil se renovaba, se construía la plaza –cuyo nombre lo obtuvo debido a la excelente relación diplomática que nuestro país mantenía con Brasil en ese entonces-, se transformaba un caudal de acequias del centro de Santiago en la que ahora es la avenida principal. Un grupo de chacras fueron convertidas en un lujoso y armonioso barrio, donde se ubicaron importantes familias de clase alta. Con el correr de los años, Santiago se expandió hacia el oriente y estas adineradas familias se fueron trasladando a otros sectores, como Providencia y Ñuñoa, con lo que Brasil fue quedando abandonado y viejo, pasando a la historia.
Hoy las antiguas casonas se han transformado en casas de estudio, museos, pensiones y hogares de familias de clase media. El barrio presenta diversos problemas, los cuales no han sido resueltos por las gobernaciones municipales de los últimos años. La alta contaminación del aire y del suelo, la delincuencia, los carretes nocturnos por la gran cantidad de bares y pubs que se han ido instalando: estos son los problemas que aquejan a la población ‘brasileña’.
En los últimos meses, se han ido tomando medidas de seguridad, como el retén móvil permanente durante los días de semana y la coordinación con Seguridad Ciudadana. Esto, luego de que aumentaran los asaltos a los escolares en las horas de salida de los más de 15 colegios que hay en el sector.
No obstante, estas medidas no atacan al problema que tiene angustiados a los residentes del barrio: el carrete nocturno. Gran cantidad de jóvenes siguen llegando en las madrugadas a la plaza: consumen alcohol, trafican drogas, se pelean a botellazos y tienen relaciones sexuales en plena calle. La mayoría de estos jóvenes no son residentes del barrio, sino que van a carretear, a los pubs y bares, y cuando el carrete termina, causan desorden.
No obstante, estas medidas no atacan al problema que tiene angustiados a los residentes del barrio: el carrete nocturno. Gran cantidad de jóvenes siguen llegando en las madrugadas a la plaza: consumen alcohol, trafican drogas, se pelean a botellazos y tienen relaciones sexuales en plena calle. La mayoría de estos jóvenes no son residentes del barrio, sino que van a carretear, a los pubs y bares, y cuando el carrete termina, causan desorden.
Carabineros aparece con sus patrullas todos los fines de semana, se llevan detenidos, tratan de apaciguar las fiestas juveniles. Pero los jóvenes llegan a los bares y a la salida, bajo los efectos del alcohol y con la adrenalina en sus cuerpos, no acatan las órdenes. El flujo de jóvenes va variando, pero, según cuentan los residentes, todos los fines de semana hay ruidos molestos y escombros en las mañanas: residuos del carrete desenfrenado.
No hay comentarios:
Publicar un comentario