martes, 1 de diciembre de 2009

Un héroe voluntario y cotidiano

Quince años como bombero:
Un héroe voluntario y cotidiano

Rodrigo Astudillo (33) ha dedicado casi la mitad de su vida al servicio. Tiene título de Ingeniero Comercial, pero su mundo gira en torno a la 9na. Compañía de Bomberos de Santiago. Su historia refleja el valor, el heroísmo y la voluntad que tienen en el alma estos enemigos del fuego.

Por María Ignacia Sáiz

Es un día tranquilo en el cuartel, ubicada en Compañía con Maturana. Los bomberos están vestidos de civiles, repartidos en el segundo piso de la que llaman su casa; unos en las piezas conversando, y un par jugando Play Station en la mesa de la cocina. Rodrigo Astudillo se pasea por el primer piso con un cigarro encendido.

La 9na Compañía de Bomberos de Santiago tiene tres pisos, en los que están distribuidas las piezas, un casino, una terraza techada, un salón de juegos y los baños, parecidos a los de los centros comerciales. Es el hogar para estos hombres, en él están la mayor parte del tiempo, aunque todos estudian o tienen un trabajo remunerado. Aquí comen y duermen, siempre listos para atender las emergencias que puedan presentarse. Noventa bomberos conviven en esta compañía, y Rodrigo es uno de ellos.

Desde muy pequeño quiso dedicarse a esto: era un sueño que hizo realidad a los 17 años cuando postuló al Cuerpo de Bomberos de Santiago. Paralelo a este voluntariado, estudió ingeniería comercial en la Universidad Andrés Bello. Trabajó en Mitsui y Forum, en el rubro de los seguros automotrices, y luego en Scotiabank, banco del que se retiró en marzo de este año. Salió premiado el mejor ejecutivo dos veces. Todo esto, compatibilizado con su dedicación al servicio.

Rodrigo ha arriesgado la vida numerosas veces: una de ellas fue en el noticioso incendio de Compañía con Libertad, a ocho cuadras del cuartel, en mayo del año pasado. Fue él quien, cuando iba camino a la casa de su madre, vio el humo saliendo por arriba de la edificación. Reaccionó de inmediato: estacionó el auto, subió a ver qué ocurría y se dio cuenta de que se estaba quemando la casa entera. Llamó a los bomberos y, mientras ellos llegaban, él evacuó a las personas. Pero él lo toma con humildad:

– El hecho de sentirte héroe, hace que no asimiles los riesgos del trabajo. Esta es una pega súper riesgosa – afirma.

Los gajes del oficio de los bomberos incluyen el toparse a menudo con la muerte. Como cuentan los voluntarios de la 9na Compañía, a todos les ha tocado ver a alguien quemado, a un muerto, o enfrentar una situación difícil.

– Me ha tocado ver guagüitas calcinadas. La otra vez encontramos un niño de trece años que falleció por inhalar monóxido de carbono en el baño. Ahí te empiezas a cuestionar muchas cuestiones de la vida – cuenta Rodrigo.

A Rodrigo le marcó esta historia porque él es padre de un hijo de dos años, que tuvo con su ex polola, hija de un compañero de la compañía.
Si toparse con la muerte es difícil, lo es aún más cuando se trata de un amigo. Y eso es algo que a los bomberos les toca vivir. Juan Aranda era voluntario de la 9na Compañía y murió de un infarto en una de las emergencias. Rodrigo era su amigo, y le tocó atenderlo hasta que llegó la ambulancia:

– Que se muera un amigo tuyo es súper complicado, más aún cuando se desmayó al lado tuyo. Y que a la media hora te llamen para avisar que falleció es terrible – dice.

Sin embargo, los bomberos son felices, y todos afirman que si el trabajo fuera remunerado, no lo harían. Algunos llevan cinco décadas combatiendo las llamas. Rodrigo es feliz con su vida, entregada casi por completo al servicio:

– Yo admiro la pega que hago. Sonará un poco a ego, pero es así –.





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